Arrecifes Artificiales, un recurso posible para Venezuela

Arrecifes Artificiales, un recurso posible para Venezuela

El remolcador Gran Roque en la ensenada de Cuabina, hundimiento planificado en las adyacencias de la Bahía de Turiamo, Estado Aragua. Foto: Humberto Ramirez Nahim.

Los arrecifes artificiales han sido utilizados desde tiempos inmemoriales en muchas regiones del mundo. Por ejemplo, hay pruebas de que tales arrecifes se utilizaron en el mar Mediterráneo hace aproximadamente 3 000 años, cuando las rocas desechadas de las “jaulas marinas” empleadas en las pesquerías del atún tonnaria se fueron acumulando para convertirse en sitios de agregación de peces. Es probable que unas pesquerías artesanales similares utilizaran esa tecnología en Australasia, ya que se han identificado trampas para peces a lo largo de la costa de Australia. En el siglo XVII se utilizaron arrecifes artificiales de escombros y rocas para el cultivo del kelp en el Japón, en donde tiene su origen el concepto moderno de “arrecife artificial”. Este concepto se extendió a los Estados Unidos en la década de 1830, en la que se utilizaron maderos de cabañas frente a la costa de Carolina del Sur para mejorar la pesca y posteriormente en muchas otras zonas del mundo (1).

 En tiempos recientes, los gobiernos, industrias y académicos alrededor del mundo han promovido y/o construido estructuras artificiales sólidas para crear hábitats arrecifales. Se han utilizado un conjunto amplio de materiales, desde objetos relativamente pequeños  como cauchos de vehículos, artículos de línea blanca (ej. refrigeradores), bloques de concreto, cables marinos, tuberías plásticas y rocas, hasta objetos mucho más grandes incluyendo tanques y aviones militares, plataformas petroleras y barcos. El propósito del emplazamiento de arrecifes artificiales es también muy variado: para permitir o incrementar las capturas de las pesquerías artesanales y comerciales;  establecer sitios de acuicultura; promover la pesca recreacional de anzuelo y arpón; controlar la mortalidad de peces usando equipos de interferencia (arrecifes disuasivos); manipular el ciclo vital de organismos acuáticos; proteger hábitats sensibles o amenazados; permitir la restauración de hábitats y su calidad de agua; conservar la biodiversidad; permitir la investigación y experimentación científica y para proveer atracciones turísticas, sobre todo,  en el área del buceo recreacional y deportivo (2).

Candiles banda negra (Myripristis jacobus) beneficiados por un arrecife artificial, Foto: Humberto Ramirez Nahim

   Numerosos arrecifes artificiales se han construido para atraer a los submarinistas y a los pescadores deportivos. Para obtener el máximo beneficio estos arrecifes  deben resultar agradables e interesantes a la vista, y en lo posible,  reflejar una profusión de vida marina. Los barcos hundidos (o partes de éstos) se utilizan a menudo para crear arrecifes de submarinismo  dado que a la mayoría de los buzos les interesan los naufragios. Los arrecifes artificiales para submarinismo o pesca recreativa también pueden contribuir a la conservación de los arrecifes naturales al reducir la presión que estas actividades ejercen sobre algunos de los arrecifes naturales de los alrededores. Este aspecto reviste una importancia especial para  estructuras biogénicas, como los arrecifes de coral (1).

 Los arrecifes disuasivos o anti-arrastre se utilizan con el objetivo de frenar la sobreexplotación, degradación de hábitats y la pérdida concomitante de especies (destrucción de ecosistemas) debido a la pesca de arrastre de fondo. Dichas estructuras sirven para prevenir el impacto mecánico de los arrastres, a la vez que favorecen la restauración del fondo. También, reducen conflictos entre los usuarios de los recursos  marinos, particularmente entre pescadores de artes fijos o artesanales (trasmallo, palangre, nasas) y los arrastreros. Las estructuras que mejores resultados han dado para estos fines son  los bloques de concreto  de peso superior a 7 toneladas métricas con vigas metálicas que se proyectan desde cada lado del cubo. Este diseño  permite frenar embarcaciones de arrastre de hasta 800 HP de potencia (3).

 En los casos de los arrecifes artificiales empleados para la restauración de hábitats marinos, es muy importante que se usen, en la medida de lo posible, materiales naturales similares a los originales. Además, dichas iniciativas deben examinarse detenidamente, en particular cuando se trata de hábitats complejos y sensibles. En el caso de los arrecifes de coral, por ejemplo, los arrecifes artificiales sólo se consideran adecuados en condiciones muy concretas, por ejemplo en zonas pequeñas de arrecifes de coral de valor económico especial o tras accidentes marítimos o desastres naturales (1).

 Como se puede observar, los beneficios de los arrecifes artificiales son múltiples, sin embargo,  también pueden tener repercusiones negativas durante su construcción, transporte, colocación y una vez que han sido establecidos. A la hora de tomar decisiones sobre la construcción y el proyecto de los arrecifes, su planificación y su ejecución deben tenerse en cuenta estas posibles repercusiones negativas, las opciones de mitigación y las maneras en que pueden eliminarse (1).

Referencias

1.-  Directrices relativas a la colocación de arrecifes artificiales. Convenio de Londres y protocolo /PNUMA.

2.- Smiley B. 2002. The intentional scuttling of surplus and derelict vessels: Some effects on marine biota and their habitats in British Columbia waters

Department of Fisheries and Oceans Marine Environment and Habitat Science Division Institute of Oceans Sciences 9860 West Saanich Road, Sidney, B.C. V8L 4B2 Canada.

3.- Ramos Esplá, A. Arrecifes artificiales como medidas de restauración de hábitats marinos costeros. 22 noviembre 2012.